La música no solo es una forma de arte, sino que también tiene un impacto significativo en la salud mental y emocional de las personas. Escuchar música puede liberar dopamina, una sustancia química asociada al placer, lo que provoca una sensación de satisfacción al disfrutar de las melodías preferidas. Sin embargo, se ha descubierto que aproximadamente el 5% de la población mundial, a pesar de tener una audición normal, no experimenta la música de la misma manera. Esta condición se conoce como anhedonia musical específica, un fenómeno que fue identificado hace aproximadamente diez años.
Un estudio publicado en la revista Cell ha identificado que la causa de este fenómeno radica en una desconexión entre las redes auditivas y el sistema de recompensa del cerebro. Este hallazgo, liderado por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), redefine la comprensión de cómo el cerebro procesa la música y plantea nuevas preguntas sobre la diversidad de experiencias humanas ante estímulos universales como la música. Según la Clínica Cleveland, la anhedonia musical se caracteriza por una falta de interés, disfrute o respuesta emocional ante la música. Para quienes padecen esta condición, la música resulta molesta, pero no genera interés ni ninguna emoción positiva.
Las diferencias en la investigación llevaron a la creación del Cuestionario de Recompensa Musical (BMRQ), diseñado para medir la experiencia musical de los individuos. Este cuestionario evalúa cinco dimensiones: Evocación, Regulación del estado de ánimo, Fomento de conexiones sociales, Movimiento y baile, y Búsqueda de novedades. Los resultados mostraron que aquellos que sufren de anhedonia musical obtienen puntuaciones significativamente más bajas en todos estos aspectos. Este hallazgo fue confirmado por un análisis profundo que incluyó estudios de neuroimagen y estudios conductuales, que permitieron a los científicos observar que, en individuos con anhedonia musical, la actividad en las áreas cerebrales responsables del procesamiento de recompensas se reduce de manera significativa. Esta alteración se extiende a otros circuitos cerebrales placenteros, que normalmente responden a estímulos como la comida, el sexo, el arte y el dinero. La música, en este sentido, se convierte en una excepción única.
Ernest Mas-Herrero, uno de los autores del estudio, subrayó la importancia de la interacción entre las diferentes regiones del cerebro, afirmando: “Aquí, señalamos que podría ser solo la activación lo que importa, sino también cómo interactúa con otras regiones relevantes para cada tipo de recompensa”. Esta perspectiva abre la puerta a una visión más compleja de cómo la música debe funcionar en sintonía con sistemas especializados según el tipo de estímulo. En la vida cotidiana, la ausencia de la experiencia musical puede tener consecuencias negativas graves. Josep Marco-Pallarés, coautor de la investigación, afirmó que esto debería tener un impacto negativo en las personas, ya que se pierden ciertos contextos donde la música se utiliza para acompañar y enfatizar aspectos emocionales en películas y celebraciones. Así, la principal repercusión de la ausencia de la música se manifiesta en momentos culturales fundamentales.
El origen de la anhedonia musical parece estar influido tanto por factores genéticos como ambientales. Un estudio basado en gemelos publicado en Nature sugiere que hasta el 54% de la capacidad de una persona para disfrutar de la música puede depender de su ADN. No obstante, los investigadores advierten que esta experiencia no debe entenderse como un fenómeno de “todo o nada”. Existen variaciones sutiles pero significativas en la forma en que las personas sanas experimentan las recompensas, lo que refleja una amplia sensibilidad. Marco-Vallés, otro de los implicados en la investigación, destacó la necesidad de profundizar en los mecanismos que explican estas respuestas individuales: “Necesitamos investigar qué podría haber detrás de las respuestas gratificantes individuales. Hacerlo abrirá el camino a investigaciones sobre trastornos relacionados con la recompensa, la anhedonia y la adicción alimentaria”.
Actualmente, los equipos de investigación están explorando hasta qué punto es posible modificar los circuitos implicados en la anhedonia musical. Aunque todavía no existen intervenciones capaces de reconectar o revertir esta condición, se trabaja en colaboración con genetistas para identificar genes específicos involucrados. La metodología desarrollada permite comprender mejor la anhedonia y ofrece un modelo para explorar formas en que la anhedonia puede ser tratada. Se espera que este enfoque facilite la identificación de condiciones alimentarias que desempeñen un papel similar en la experiencia de recompensa.
